Belleza humana
La caracterización de una persona como «bella», ya sea de forma
individual o por consenso de la comunidad, a menudo se basa en una
combinación de belleza interior, que incluye los factores psicológicos —tales como congruencia, elegancia, encanto, gracia, integridad, inteligencia, personalidad y simpatía—, y belleza exterior, es decir, atractivo físico, que incluye factores físicos —tales como juventud, medianidad, salud corporal, sensualidad y simetría—.
Comúnmente se mide la belleza externa con base en la opinión general o
el consenso de un grupo de personas. Un ejemplo de ello son los concursos de belleza, como el de Miss Universo.
La belleza interna, sin embargo, es más difícil de cuantificar, aunque
en los concursos de belleza a menudo se afirma tomarla en consideración.
Un importante indicador de la belleza física es la «medianía». Cuando
las imágenes de rostros humanos se promedian para formar una imagen
compuesta, ésta se acerca progresivamente cada vez más a la imagen
«ideal» y se percibe como más atractiva. Este fenómeno se notó por
primera vez en 1883, cuando Francis Galton, primo de Charles Darwin,
construyó imágenes compuestas por superposición de fotografías de
vegetarianos y delincuentes en búsqueda de una apariencia característica
para cada uno de ellos. Al hacerlo, se percató de que las imágenes
compuestas resultantes eran más atractivas en comparación con cualquiera
de las fotografías individuales.
La investigación moderna sugiere también que las personas cuyos
rasgos faciales son simétricos y poseen la proporción perfecta son más
atractivas.